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Somos Noro

El profesional de la salud que saca fuerzas de flaqueza por sus pacientes.

Sergio Guerra Landavazo

Doctor en el IMSS y CIMA

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"El personal de salud se parte el alma para hacer su trabajo lo mejor que puede.”

- Sergio Guerra Landavazo
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Sergio Guerra Landavazo es médico internista en el IMSS y el hospital CIMA. Su experiencia encarando la pandemia desde el sector público y el  privado es única. Dos sistemas, mismo virus. El sufrimiento y cansancio es el mismo. 

“Esta enfermedad no es algo inventado, no es algo que se sacaron de la manga, ni ninguna treta política. Me da la impresión que mucha gente cree que esto no es verdadero, pero esto no es algo pasajero y todos corremos riesgos.”

Con casi 20 años de experiencia en el área de la salud, narró que nunca había visto algo semejante entre sus familiares y compañeros aquejados por COVID-19. La estela del nuevo coronavirus es más extensa; no se trata sólo de pacientes. Su peligrosidad desata una cadena de reacciones que provocan resultados colaterales. Guerra Landavazo apunta hacia el estrés postraumático que la contingencia deja a su paso por Sonora.

“Claro que hay una diferencia en la manera en que nos relacionamos. Se refleja evidentemente en el trato con la familia y los conocidos. Se refleja en tu estado de ánimo, en molestias físicas, cuesta trabajo dormir, descansar. La familia te ve cansado y exige que pases más tiempo con ellos. Es difícil desconectarse de los compromisos que tienes en el trabajo y de lo que ahí sucede diariamente. No sólo causa conflictos en lo laboral; las relaciones interpersonales se vuelven complicadas porque estamos agotados.”

Su valoración tiene sustento no sólo en la evidente carga de trabajo del personal y los casos cumulativos de COVID-19, sino en las huellas permanentes en las entrañas de la naturaleza humana que a simple vista no dejan ver la cicatriz, y para las cuales no hay anticuerpos. En ambos hospitales donde labora, la clínica 14 del IMSS, que es un hospital COVID, y en el CIMA, desde su consultorio particular, los episodios más agotadores después de atender a pacientes que ingresan están representados en las dinámicas con los parientes cercanos.

“La verdad es que las historias son conmovedoras y nos vemos en medio de una situación muy triste, muy estresante, porque nos volvemos el único contacto que existe entre el paciente, que está generalmente aislado y la familia que no lo puede ver, tocar, escuchar. Toda la angustia que siente el paciente, que siente la familia, se refleja en nosotros porque formamos parte de ella. Es verdaderamente estresante estar en esa situación. Sobre todo cuando eres el intermediario entre los familiares de pacientes que no evolucionan de manera favorable.”

Equilibrio

Para el doctor de 43 años de edad, y miembro de la A.C. Colegio de Medicina Interna de Sonora, la pandemia ha dejado en evidencia que el equilibrio en los sistemas naturales del mundo se han trastornado a raíz de su surgimiento, hace un año; aunque no llamó por su nombre, de las zoonosis (enfermedad infecciosa que ha pasado de un animal a humanos). 

“Esto nos tiene que dejar un aprendizaje, una enseñanza. Espero que nos enseñe que en el mundo existe un equilibrio y si se rompe todos podemos sufrir. Que una cosa tan microscópica como un virus nos ponga en esta crisis y nos haga comprender lo frágil que es la vida, que es mucho más que bienes materiales, debemos apreciarlo como algo de  importancia y una nueva visión sobre las cosas intangibles de este mundo. Espero que las personas sean más conscientes del cuidado de su salud. Que condiciones como la obesidad, tan común, la vean como una enfermedad que implica un riesgo. Tenemos que adoptar buenos hábitos personales de higiene. Creo que el mundo va cambiar con esta conciencia sobre el cuidado de nosotros mismos y de los demás.”

Sobre esa esperanza se ciñe una gran apuesta, que la gente cambie drásticamente sus conductas preventivas y en general hacia cualquier condición que represente una amenaza a la estabilidad del Sistema de Salud Pública. Es complicado para un país como México, con una de las tasas más altas en enfermedades crónicos degenerativos, y con una parte de la población que tiende a asumir conductas relajadas ante problemas estructurales, enfrentarse a este dilema mundial. 

“A mí me da la impresión que la gente joven piensa que no se van a contagiar o que si les pasa no se pondrán mal. El Sistema de Salud está rebasado por la demanda que tiene en estos momentos. La situación para el personal de salud es verdaderamente cansada y pesada. Yo que lo vivo a diario te puedo decir es que el personal de salud se parte el alma.”

El encierro

Por ser una persona que labora en una actividad de riesgo, el aislamiento es una medida preventiva lógica para la familia del doctor Guerra Landavazo. Su esposa y dos hijos lo saben, pero es difícil para ellos renunciar al tiempo de calidad que un padre y esposo representan en la intimidad del hogar. Esta dimensión familiar está atendida en la mayoría de los casos, o al menos hasta donde la nueva normalidad lo permite. Su distanciamiento social es más intenso con sus papás, y él lo resiente cada vez más.

“Tengo desde marzo que no veo a mis padres porque no he querido contagiarlos. Si se enferman es probable que se les complique. A pesar que tengo ganas de verlos me aguanto, aunque eso se traduzca en impotencia y estrés.”

El hecho de atender a sus seres queridos con tiempo es un reto, no imposible, pero que sí agrega una dosis de tensión que lo aqueja desde marzo. Como médico no tiene mucho tiempo para  pensar en el cansancio, menos en época de pandemia. En lo que sí piensa de manera constante es que la gente debe ser más responsable y menos individualista cuando se trata de cuidar la salud.

“Tenemos que ser responsables del otro, cuidar a las otras personas. Me gustaría que hubiera mucha conciencia entre jóvenes, que por lo mismo no piensan que la enfermedad no los va afectar a ellos. Me gustaría que fueran responsables de cuidar a la gente mayor, que evitaran ser un mecanismo de transmisión para los más vulnerables. Muchas veces sus mismos seres queridos. Aunque la economía se esté reactivando y estemos poco a poco reintegrándonos a la vida, es importante saber que esto sigue. Tenemos que ser muy cuidadosos hasta que termine porque en esa responsabilidad está la vida de alguien más.”

Colisión

Se ha dicho que habrá una reactivación del virus que coincide con el mes de mayor actividad comercial y movilidad de un año ‘normal’; diciembre. Justo ahora está en proceso el segundo repunte de la pandemia con nuevos y decesos. Una dinámica de fuerzas que colisionan en el final de 2020 en Hermosillo y el resto del mundo. De esa colisión dependen tanto la vida, como la capacidad del personal médico.

“Nuestras vidas y nuestra forma de trabajo han cambiado radicalmente. La gente que ha demandando nuestros servicios nos rebasa y tenemos que hacer jornadas maratónicas. Tenemos que doblar turnos, la cantidad de gente que puede brindar atención se ha visto mermada porque hay gente que se enferma. Sin embargo, nuestra labor es la misión que nos tocó hacer en nuestra comunidad. Sacaremos fuerzas de donde sea posible para atender a nuestros pacientes.”

La convicción de nuestro entrevistado para seguir dando esperanza a sus pacientes nos llena de deseos positivos. Contamos con servidores de la salud que traen bien puesta la camiseta. 



Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.