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Somos Noro

"Queremos siempre lo mejor para los pacientes."

Ricardo Loza Gallardo

Doctor del ISSSTESON

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"Nos ha tocado recibir parejas de manera simultánea. En ocasiones a uno sí le fue bien y al otro no. En otras ocasiones, los dos no salieron. Son cuestiones sentimentales, uno se queda con ellas para siempre."

- Ricardo Loza Gallardo
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Luis Ricardo Loza Gallardo es originario de San Juan de Los Lagos, Jalisco. Nació justo en la cuna de una efervescente fe católica y en la creencia de los milagros atribuidos a la Virgen de San Juan, o Cihuapilli (Gran Señora en nahuatl). Sin embargo, Luis optó por salvar vidas no por medio de milagros, sino a través de la ciencia médica. Ahora como doctor adscrito al ISSSSTESON en Hermosillo, está enfrentando la pandemia todos los días, y siempre encara el desafío de procesar el desgaste personal junto al sufrimiento de las personas.

Para Luis Ricardo, de 33 años de edad, lo milagroso no existe, sólo hay procedimientos médicos y tratamientos orientados a mejorar la salud de aquellos pacientes que ingresan graves por COVID-19. En sus manos está salvar vidas, en su cabeza está actuar apegado al conocimiento de la salud y la ética como galeno. Hay tiempo para la compasión, pero no tiene oportunidad para detenerse a pensar en eso cuando la situación es apremiante.

“Tenemos una escuela donde, tradicionalmente, a los pacientes graves les aplicamos tratamiento y evolucionan, pero con el COVID-19 tuvimos que cambiar varios protocolos para poderlos ayudar. En lo anímico, el hecho de ver que no mejoraran los pacientes me hacía sentir mal. En lo psicológico, pasas mucho tiempo trabajando, como médicos e internistas estamos 24/7 todo el tiempo atendiendo y con este tipo de pacientes es más complicado sobrellevar la carga de trabajo y la emocional.”

No tiene hijos ni esposa, tampoco mascota. Lo que sí tiene es el amor de su novia y la presencia de su familia. Lo que escasea en su diario trajinar es el tiempo para interactuar con todos ellos. Se mantiene en forma, y es evidente. Su apariencia es la de un saludable ‘fit’; barba difuminada y sonrisa amplia.

“Es un poco complicado convivir porque te tienes que distanciar por el trabajo, a veces haces videollamadas con la familia y aprendes a valorar más a los seres que quieres en esta vida. Lo valoras más porque tienes menos tiempo para ellos. El simple hecho de dar un beso o un abrazo es diferente porque el virus es muy transmisible y uno puede ser portador. Es una situación triste y complicada.”

En el mundo de la pandemia, donde ‘lo normal’ es modificar las conductas sociales y aprender a prevenir el virus, es donde centra parte de su atención en reflexionar en los estilos de vida necesarios para superar esta contingencia, que amenaza con no irse sino hasta finales de 2022.

“Espero la vacuna y que hagamos una vida normal, poder interactuar con cualquier tipo de persona sin tener el miedo de provocar infecciones. Las nuevas generaciones van a tener un papel muy importante porque van a crecer de una forma en la cual la pandemia les está provocando temor al contacto. Esperemos que con la vacuna este miedo vaya disminuyendo.”

La presión del trabajo

Sobre la naturaleza de los malos hábitos en el uso de redes sociales, en el marco de la nueva normalidad, existe la tendencia a crear escenarios de infodemia que él, en lo personal, reprueba. Considera que son lacerantes no sólo para los médicos, sino en general para la población y principalmente para sectores de riesgo.

“Creo que la mercadotecnia hace que se promuevan pseudo tratamientos que se ha revelado científicamente que no tienen ninguna eficacia contra el virus ni para hacer evolucionar favorablemente a los pacientes. Además son muy caros, en ocasiones los familiares gastan dinero que incluso no tienen buscando una solución para el paciente y al contrario, en lugar de ayudar le perjudican.”

Sin embargo Luis reconoce que no todo es negativo en las redes sociales. Ve señales de esperanza y descanso también porque son instrumentos que por otra parte han adquirido mayor relevancia ante el distanciamiento físico obligatorio y el aislamiento. Luis Ricardo encuentra en sus momentos de descanso un alivio, canales de apoyo profesional y calidez humana en medio de esta contingencia sanitaria.

“Usando bien las redes sociales tenemos contacto con compañeros para crear redes de apoyo y tener comunicación con personas cercanas y queridas. Simplemente, el escuchar otro tema ajeno a la medicina es de ayuda, ir a la playa, escuchar música o correr han sido una buena opción para relajar la mente.”

Sin embargo, no quita el dedo del renglón, y resalta escenarios que le afectan porque los ha vivido en directo desde el área COVID en la que trabaja. Es tanta la angustia que algunas personas lo han presionado tratando de orillar a desviarse de su servicio.

“Los tratamientos que inventan en las redes sociales o que los mismos familiares de pacientes quieren que les administremos a sus parientes son un problema. Ha habido incluso personas que me han querido obligar a administrar remedios que no funcionan. Bajo criterios médicos hemos hecho procedimientos que sí funcionan y ayudamos también a que ellos no gasten en esos remedios porque tenemos tratamientos médicos.”

Estigmas dentro de su labor

Otro gran tema que preocupa a este médico, egresado de la Universidad Autónoma de Sinaloa, es el asociado a la generación de estigmas contra su profesión, una situación que no ha dejado de ser persistente. Él observa el desgaste en sus compañeros e incluso en sí mismo como resultado de este tipo de afrentas. El problema es cuando se tornan personales. Aunque no es su caso sí lo ha visto reflejado en compañeros.

“Como equipo de salud en esta pandemia estamos expuestos a recibir ofensas, incluso en la calle, también cuando damos información a los familiares nos reclaman situaciones que a lo mejor no están en nuestras manos. Es entendible, los hospitales están saturados. Debido a la pandemia debemos usar ciertos espacios de trabajo y tenemos que estar vestidos, ellos no tienen mucho contacto con sus familiares.  Hay miedo, estrés y quizá piensan que nosotros le hacemos cosas que les afectan, cuando es meramente todo lo contrario.”

Para él la ética profesional de todo el personal es intachable. Es un activo que la sociedad podría no estar valorando en su justa dimensión.

“Quizá esto no se veía al principio, pero le hemos demostrado a la gente que queremos lo mejor para sus familiares, nunca dañarlos. Queremos siempre lo mejor para los pacientes.”

¿Cómo no reconocer esto que nos revela Luis? ¿Cómo no admirar su labor y valentía?

Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.