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Somos Noro

El doctor que añora mirar las tardes de Hermosillo después de la pandemia.

Miguel Alberto Bracamonte Díaz

Doctor del ISSSTESON

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"No atendemos enfermedades, atendemos personas con una historia."

- Miguel Alberto Bracamonte Díaz
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Miguel Alberto Bracamonte Díaz, médico de primer contacto del ISSSTESON, nunca pretendió ser un héroe o un soldado combatiendo la pandemia de COVID-19 en Hermosillo. Para él siempre fue suficiente tener la certeza de ayudar a las personas que sufren esta enfermedad, que ha cobrado más de 3,600 vidas en la entidad.

“Como ser humano también podemos cometer errores. Muchas veces tratar de ayudar al paciente no es suficiente.” 

Los silencios entre respuestas que hace el doctor revelan una preocupación que pervive más allá de sus turnos laborales en el hospital. No es para menos, en pleno repunte de COVID-19, Hermosillo se acerca cada vez más rápido a los 22 mil casos confirmados y Sonora sobrepasará los 47 mil en las próximas horas. Esa velocidad de contagio que ha recuperado la pandemia en el repunte decembrino sólo significa una cosa para el doctor: más trabajo y menos tiempo con su familia, especialmente con su hija Regina. Comenta, mientras bebe un aromático café de talega, aspectos de su labor en el hospital.

“Mi actividad durante esta contingencia ha sido atender pacientes en fases de recuperación y de mantenimiento. Lo más complicado, sin duda, fue alejarme de mi familia.” 

Después de comentar lo anterior se hace un silencio que pareciera no separar palabras de emociones. El médico dejaba de ver brevemente a la cámara. La charla continúa. Miguel Alberto sobrelleva el inmanente a su trabajo tratando de hacer cosas que antes disfrutaba de manera cotidiana, como ir a correr. Sin embargo hay una gran diferencia ahora, o al menos una muy visible, disfruta ir por el bulevar Héctor Espino. En la nueva normalidad lo hace siempre con cubrebocas y cuidando mejor los horarios para evitar grupos numerosos de caminantes, corredores y ciclistas.

“El COVID-19 llegó para quedarse, pero sí se puede salir adelante. Buscar nuevas actividades que puedan ayudarnos a suplir las que hacíamos anteriormente.” 

Díaz Bracamonte es egresado de la facultad de Medicina en la Universidad Autónoma de Sinaloa, tiene diez años de experiencia laborando en el Sonora. Anteriormente se desempeñó en el campo de la medicina privada y ha incursionado en labores académicas en el antiguo CESUES, hoy UES. Sobre la atención que ha brindado a una incontable cantidad de personas con COVID-19, señaló que no es sólo una cantidad, se trata de personas que tienen derecho a la salud. Son historias personales muy fuertes que no se pueden tomar a la ligera. 

“No atendemos enfermedades, atendemos personas con enfermedades. Pasan los días y ves una mejora muy pobre. También sucede que la situación se pone grave, el paciente empeora y es algo que frustra. Sin embargo, la hermandad que se genera con el resto de los compañeros te hace salir adelante y sacar atender a los pacientes con todo el profesionalismo que se requiere.” 

Una de las cosas que más anhela es el fin de la pandemia y poder acudir a la explanada del Estadio Sonora para apreciar los prolongados atardeceres de Hermosillo.

“Lo he tenido todo y más de lo que podría esperar. Mi profesión me ha entregado miles de agradecimientos y miles de satisfacciones, únicas cada una de ellas. Me quedo con la visión de que ser médico es saber escuchar a los pacientes, tener empatía con el sufrimiento que les aqueja y al mismo tiempo la virtud de no ser indiferente. No hay nada mejor que ser médico.”

Existen momentos intensos pero es el mismo amor por la profesión lo que le ha llevado a desarrollar una constante capacidad de adaptación que tenía atrofiada. Una que se aceleró durante la pandemia y se va intensificando al generar empatía con cada paciente. Especialmente, ha ‘pulido’ una habilidad para establecer lazos de amistad más fuertes y de camaradería. Este capital social es una inversión que le da la certeza de contar con capas de protección, refuerzan los trajes médicos que usa a diario en el hospital.

“Al inicio todos son desconocidos, pero te haces hermano del que está a un lado tuyo, es algo indescriptible estar en el vestidor con compañeros que no conocías y sentir el apoyo de alguien que te dice: vuelve a repetir el paso que hiciste para ponerte el traje de personal adecuado. Tener esa sensación te hace formar un vínculo de amistad, de hermandad al momento de trabajar en un área tan complicada.”

El deber llama

Cuando la pandemia empezó y llegaron los primeros casos a Sonora no dudó en integrarse como personal de primera línea. Después de todo, para él ser médico es la mejor profesión del mundo, incluso si ese mundo está asediado por una pandemia mortal.

“El deber llama. Había la necesidad que yo estuviera presente, que era mi momento para desarrollar mis conocimientos y aprender cosas nuevas.” 

El miedo tal vez era ese algo que le llamaba a involucrarse. 

“El miedo a enfermar es muy fuerte. Uno como ser humano puede cometer errores y descuidarse en algún aspecto de protección. Sin embargo, mi preparación y deseos de tener nuevas experiencias me impulsaron, además de mi familia.” 

Al miedo lo secunda la confianza que el ser humano se va adaptar y descubrir actividades que lo llenen existencialmente en la nueva normalidad. Para el doctor Díaz Bracamonte los últimos meses le han dado la oportunidad no sólo de adecuar sus hábitos, sino de descubrir cierta destreza culinaria. Entre sus principales hobbies estaban el ciclismo de ruta, el de montaña, los viajes a zonas rurales para acampar. Hasta antes del repunte se había conformado con ir a un gimnasio local. Quizá el hecho de ser un entusiasta de la carne asada y la imposibilidad de complementar eso con las reuniones sociales en el confinamiento lo orilló a voltear a ver en la cocina una opción para distraerse.

“Es algo que descubrí hace poco, no lo hacía frecuentemente, pero de un tiempo acá he encontrado maneras de distracción y una de ellas es la cocina. Preparo cosas sencillas como el arroz, pasta o el pollo. Pero lo hago con estilo.”

La responsabilidad

La otra actividad, trastocada profundamente por la dinámica impuesta de la pandemia, es el tiempo de calidad con su hija. Los días de ir al béisbol para apoyar a los Naranjeros de Hermosillo tendrán que esperar quizá hasta 2022. 

“Ella es el motor del día a día, es indispensable para mí. El COVID-19 cambió mi vida porque me he hecho más responsable, más humano. He encontrado muchos sentimientos que con el paso de los años se han ido puliendo, pero esta enfermedad los terminó de pulir. La ausencia de muchas personas en las familias debe generar un cambio, no estamos completos. Las familias de Sonora y de todo el mundo han tenido pérdidas de seres queridos. Muchas de ellas pudieron ser prevenidas. Esto nos vino a cambiar para generar mayor sentido de la humanidad.”

Previo a concluir la entrevista, el doctor recuerda la anécdota de un compañero al que pudo atender personalmente. Tratar de establecer la empatía que suele tener con todos los pacientes, así como con los familiares, es para él ahora una prioridad. Sin embargo, algo era diferente: La incapacidad que la gente pudiera ver la expresión en su rostro y mirada. 

“Mi amigo es un neumólogo. Se mantuvo en una estancia de entre 21 y 25 días aproximadamente y su evolución fue muy lenta, pero el ánimo nunca decayó. Sabíamos que tenía mucho tiempo de no ver a sus familiares  y bueno, nos veían con máscaras y trajes, no nos veamos los ojos. Ese caso en particular sin duda es una pieza que hace más fuertes los sentimientos hacia la profesión.”

Perfeccionar emociones, sentimientos y maneras de ver el mundo ha transformado a este médico que todos los días se brinda por sus pacientes.

Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.