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Somos Noro

"Seamos más responsables y juntos saldremos adelante."

Martha Berenice Rivera Casas

Trabajadora Social del Centro COVID

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"Solamente juntos saldremos adelante.”

- Martha Berenice Rivera Casas
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Martha Berenice Rivera Casas se ha reintegrado a sus actividades en el Centro COVID-19 del ISSSTESON como resultado del repunte en casos de esta enfermedad en la capital de Sonora.

Aquellos días relativamente tranquilos que tenía previo a esta situación, laborando en el Registro Civil y como chofer de Uber los fines de semana, han quedado atrás. Lo único que sabe es que la presión está de regreso como trabajadora social, pero la encara con su profesionalismo en una de las áreas que está tras bambalinas: La atención directa a familiares de enfermos que piden información.

 “La capacidad de atención que tenemos en el Centro COVID sí es buena porque en realidad son pocos, quiero decir en comparación con la derechohabiencia del IMSS, son pocos los que llegan. Con el porcentaje de derechohabientes estamos, lamentablemente, esperando una gran cantidad de pacientes porque ya estamos viendo un repunte aquí en Hermosillo. Con las temperaturas frías y porque la gente sigue sin acatar las recomendaciones y consejos como el uso del cubrebocas, sí ha aumentado mucho el contagio. Empezó a haber un incremento de casos y se tiene esperado que esto esté abierto de uno a dos meses más.”

Será en los meses más fríos cuando la trabajadora social tendrá que aportar su cuota de esfuerzo para facilitar que la atención médica más urgente llegue a los pacientes que así lo necesiten; además de optimizar recursos dentro de los hospitales, en una lucha a contratiempo, ante un virus que no cede. Algo que tampoco da señales de amainar es la angustia y el miedo que la enfermedad.

 

“Atendí a familiares que no estaban de acuerdo, no sé qué pensarían sobre el Centro COVID-19. A lo mejor pensaban: Se los llevan ahí y mueren. Con esta enfermedad uno no sabe en realidad muchas cosas. Muchas personas piensan que la van a intubar y morir, pero ahí no aceptamos pacientes que lleven condición grave, no tenemos ese equipo, sólo atendemos pacientes estables.”

En esa dinámica diaria en realidad ella tiene muy poco contacto, casi nulo, con los pacientes. Su trabajo consiste en recabar información de los enfermos, notificar a familiares, atenderlos cuando llegan al módulo de recepción e indicarles que la persona requiere artículos como ropa, cobertores, calzado y algún otro objeto personal para hacer más pasadero el tiempo ahí.

Señala que es raro ver situaciones de traslado a urgencias hacia un hospital, aunque sí ha ocurrido en al menos un par de ocasiones, sobre todo en el periodo más crítico de la pandemia que comprendió de julio a agosto. En esos días una pequeña bomba emocional estuvo a punto de estallar en su interior, en pleno ápice de la curva de contagios, con más muertes y con mayor ocupación hospitalaria las reacciones de las personas también se alteraban con facilidad, muchas veces perdiendo toda la cordialidad.

“Me tocó que llegara un familiar muy alterado. Una señora que argumentaba que no le habían dicho que su esposo tenía COVID  y lo habían mandado con nosotros. Yo traté de calmar, de hecho me dio las gracias porque logré hacerlo. Eso fue lo más intenso que me tocó en ese centro.”

Otro aspecto que tampoco se le borra de la mente, es el riesgo constante al cual se enfrenta de nuevo. Por sus características, el COVID-19 puede permanecer en artículos como ropa o cobijas de las personas que son atendidas en ese centro. Se trata de situaciones que con frecuencia deben manejar en su área de trabajo y son proporcionadas directamente por los familiares.

Su trabajo, un riesgo que debe saber sortear

Berenice sabe que incluso sanitizando todo su lugar de trabajo, el virus podría jugarle una mala pasada, pero es su trabajo y se siente obligada a cumplirlo.

“Corremos un riesgo porque la mayoría de los familiares viven con los pacientes. Son sus hijos, esposos, etcétera. Ese familiar puede traer el virus, pero ahí en el área administrativa, que es la del SNTE 54, hay unas señales donde tiene que estar en cierto lugar el familiar por si llega a traer el virus. Ahí es donde sí corremos el riesgo de contagio porque recibimos las pertenencias. Ahí mismo también nos ha tocado que les platicamos en persona la situación de sus familiares ingresados.”

Nada es como antes

Con 38 años de edad, tiene tres hijos de 13, 15 y 19 años respectivamente. Ahora vive en casa de su mamá en la colonia Ley 57, popular por los terrenos grandes donde han sido edificadas las viviendas. Tiene una perrita llamada “Pelusa” y nos compartió que le gusta dibujar caricaturas, aunque no lo hace de manera regular. Comenta que en la nueva normalidad pocas cosas pueden ser como antes, entre ellas eliminar el distanciamiento social, viajar, visitar otras familias y dejar de usar el cubrebocas.

“No estudié medicina, ni enfermería, pero durante todo el tiempo que he estado trabajando mi manera de pensar es que lamentablemente este virus va seguir incrementando mientras no llegue la vacuna. Desgraciadamente la gente no hace caso, y los contagios siguen en aumento. Tal vez llegue el momento en que baje otra vez, como hace dos (tres ya) meses, pero va volver el repunte. Nosotros estamos apenas en el segundo, pienso que va ser como una palanca, bajando y subiendo, así va estar pasando hasta el día que todos estemos vacunados.”

Dentro de este mundo ‘normal’ le queda la satisfacción personal que está cumpliendo con una misión. Orgullosa asegura que el reflejo de ello es que la mayoría de los familiares se muestran agradecidos con su trabajo. Fue reiterativa en ese tema, pero también puso el dedo en otro gran problema: las afrentas contra personal médico son una constante.

“Nos ha tocado ver a médicos y enfermeras que los llegaron a tratar mal los familiares de pacientes, los insultaron y los hacían menos, eran muy prepotentes. De alguna manera tú también te arriesgas atendiéndolos y a que te digan cosas ofensivas. Pero a nosotros no nos han maltratado porque no teníamos tanto contacto. Hay áreas donde sí se meten, pero en el Centro COVID todo era por fuera, todo es por radio al Área COVID. Directo con los pacientes no hay contacto.”

  Berenice sintió miedo en una ocasión con una persona, una mujer bravucona que le advirtió por teléfono que iba para allá a sacar a su familiar del Centro COVID.

“Estaba sumamente molesta la señora, la esposa”, dijo. No pasó a mayores, fue desagradable, pero finalmente estamos haciendo nuestro trabajo, no directamente en la sanación pero sí como una comunicación entre paciente y el familiar”.

Salvo ese momento, y otro donde una de sus compañeras tuvo que ser asistida por la Policía debido a que en un malentendido, unas personas la rodearon en su área de trabajo de forma amenazante, no ha sufrido más allá del desgaste físico que la contingencia ha provocado.

Su carga de energía es todos los días tras las paredes de la casa de mamá con sus hijos y “Pelusa”. Agradece que ella, por la naturaleza de su trabajo, no ha tenido que aislarse a diferencia de médicos y enfermeras. Es también en esos espacios donde puede reflexionar sobre la magnitud global de la pandemia.

“Es algo que nadie esperaba que llegara. Inició en China y llegó aquí y a todo el mundo. Y llegó para quedarse.”

Nos queda aprender formas para contener esta pandemia de miedo, desinformación y tragedia que ha traído el COVID. Nos queda mucho por recorrer.

Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.