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Somos Noro

El camillero que cambió el miedo por la actitud de servicio.

Jorge Ramírez Venegas

Camillero del ISSSTESON

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"He sentido miedo de contagiar a mis hijos. Extraño abrazarlos como antes.”

- Jorge Ramírez Venegas
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Estoico, resiliente, así es Jorge Ramírez Venegas. Camillero del ISSSTESON. Con 10 años de experiencia en el servicio, confiesa que lo peor en medio de la pandemia de COVID-19 es el riesgo de contagiarse cualquier día. Además de la probabilidad de llevar el virus a su casa. Ahí donde sus dos hijos y esposa lo esperan impacientes. Confiesa que tiene prácticamente todo el año modificando sus rutinas en el hogar. De manera ritualista se sanitiza, se quita la ropa, se baña. Hasta ahí es cuando puede acercarse a sus seres queridos.

Jorge, de 34 años, tiene razones fundamentadas para sentir zozobra. Al momento de la entrevista, en la última semana de Noviembre, acaba de cumplir un periodo de aislamiento debido a que presentó síntomas del nuevo coronavirus. Por situaciones que no dependen de él, no ha obtenido los resultados de su prueba. A la fecha no tiene la certeza al 100 por ciento que haya enfermado de COVID-19. El sólo hecho de tener carga viral no lo dejaba dormir pensando en lo peor.

“Llego con miedo, tengo dos niños, de cuatro y dos años. Estoy con miedo de enfermarlos. Trato de cuidarme lo  más que puedo. La semana pasada presenté síntomas. Mi jefe me vio y me sacó de labores. Me envió a hacer la prueba y me incapacitaron. Aún no me han entregado el resultado pero mi periodo de carga viral ya pasó. Es la primera vez que vivo el aislamiento.” 

Ramírez Venegas tiene atención dispersa. Podemos darnos cuenta que mantiene al niño de dos años en un brazo y el teléfono en la otra mano. El reclamo típico de: ‘Papi, papi’, no deja de sonar al otro lado del auricular. 

Peligro a la redonda

El patio de su casa, en la colonia Heberto Castillo (al norte de Hermosillo), tiene un brinca-brinca. Cuatro postes y una red lateral en forma de cortina forman parte de su estructura. Ahí pasa los tiempos libres con sus dos pequeños. Ese espacio parece un escudo que protege a su familia de lo que sucede alrededor. Hasta el 22 de noviembre, esa zona que rodea su casa presentaba la tercera cantidad más alta de casos nuevos de coronavirus por cada mil habitantes, 7.15 para ser exactos, según cifras actualizadas del Observatorio COVID Sonora y con datos de la Secretaría de Salud y la Unison. Además, era uno de diez sectores que promediaba al menos una muerte a la semana debido a esta enfermedad. Con este mal cerca no es fácil, para nadie, mantener la tranquilidad.

“Es difícil porque llegas a tu trabajo y lo primero que adviertes es que subieron a cinco o seis pacientes y ves que se activan los códigos. Es muy pesado.” 

Jorge dejó truncos sus estudios como técnico superior universitario en electrónica y automatización en la Universidad Tecnológica de Hermosillo. Reconoce que podría estar trabajando en otra parte, pero hay algo inherente a la atención médica que lo cautiva: es la vocación por ayudar a los demás.

“La gente opina que nadie me tiene trabajando aquí. Me han tocado hermanos que me dicen lo mismo. Yo les digo que es el trabajo que me tocó. Sabía que en un hospital se manejan y convive con enfermedades. Lo que tengo que hacer lo tendríamos que hacer todos durante la pandemia, cuidarme lo más que pueda.”

Ahí viene de vuelta

Con el inicio del mes de diciembre, el repunte en casos nuevos es palpable. No sólo en los ingresos nuevos y las pruebas positivas diarias, sino en el número de muertes por COVID-19.

Desde el hospital Ignacio Chávez, donde labora Jorge, esta realidad llegó de manera abrupta a pesar de que ya lo esperaban.

“Hay un repunte importante de la enfermedad. De Junio a lo que está pasando ahora estamos viendo el doble. Un día tuve ocho pacientes con COVID-19, al siguiente 15. Hoy tengo 36, esto va para arriba.”

Tiene una década trabajando en el mismo hospital. Cualquier otra contingencia médica que haya enfrentado palidece con una de las características más honestas que afloran en abundancia ante un enemigo silencioso y aparentemente invisible: El temor.

“El ánimo de las personas que tienen pacientes es igual al de Julio, pero yo veo mucho estrés, mucho miedo. En mis compañeros también hay mucho miedo. Entre nosotros nos hemos infectado y tenemos que convivir, mantener contacto. Existe el miedo pero debemos, como trabajadores de la salud, vencerlo.”

Comenta que no tiene hobbies, ni tampoco practica deportes. Entiende el mundo de los niños y por eso sueña con que esta pandemia termine lo más pronto posible para que sus dos pequeños puedan desarrollarse en un mundo más allá de la nueva normalidad.

“Extraño los abrazos de mis hijos. Yo llegaba y los abrazaba y besaba. Ahora, por el riesgo que implica mi trabajo, llego a casa, me baño, me sanitizo y después veo a mi hija. La veo y le doy un fuerte abrazo con la mirada.”

Después del virus

La nueva normalidad para Jorge transcurre entre lo predecible y lo incierto, entre la verdad y algunas mentiras. Comenta que ha batallado con el tema de las noticias falsas y el esparcimiento en redes sociales de teorías del complot. Incluso hasta las ha sufrido en las paredes de su propio hogar.

“En lo familiar he tenido problemas por las noticias falsas. En mi casa, cuando he llegado, mi esposa me ha dicho: Oye, Jorge vi esto y lo otro. Yo le digo que no haga caso. No recuerdo, creo que fue el caso de Ecuador cuando estaban quemando cuerpos afuera del hospital y le recomendé que no viera eso. De hecho ya no vemos televisión y accedemos menos a las redes sociales. Recuerdo que llegaba y mi esposa me hacía un té de jengibre con cebolla y ajo. Después me compartía un frasco con eucalipto. Me lo tomaba sólo para quedar bien con ella. Por su tranquilidad.”   

El COVID-19 no sólo ha afectado la salud de las personas, también sus relaciones. Ceder un poco quizá a esas creencias pudiera parecer una conducta cómplice que libera el estrés de manera incauta. Todo sea por mantener la cercanía con la pareja. Por otra parte, Jorge considera que, a la par de la estela dejada por el virus, lo que va a perdurar son la serie de reglas para tener un regreso más ordenado a la movilidad, la vida social y las actividades económicas.

“Va quedar como regla el lavado de manos, usar el cubrebocas, la sana distancia. Cuidar más a los adultos mayores y personas con riesgo a causa del coronavirus.”

Muchas certezas entre las dudas y el miedo. Una de ellas es que esto pasará en algún momento y habremos aprendido una gran lección. De no ser así, volveremos a repetir y repetir este tipo de situaciones.

Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.