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Somos Noro

La enfermera cuyo motor para seguir enfrentando la pandemia es el amor de su familia.

Fernanda Morales Molina

Enfermera del Hospital General del Estado

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"Durante la pandemia mi familia ha sido el 'motorcito' para seguir adelante.”

- Fernanda Morales Molina
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Ibeth Fernanda Morales Molina tiene 30 años de edad. A pesar de la pandemia vive muy feliz en Hermosillo, tiene todo lo que necesita en su existencia, su familia. Es egresada de la Licenciatura en Enfermería en la Universidad de Sonora. Trabaja en el Hospital General del Estado, uno de los nosocomios que más demanda ha tenido atendiendo pacientes con COVID-19. Morales Medina es modesta y sumamente comprometida como personal de primera línea. Su vigoroso lazo con los hijos es más que evidente desde el hogar que habitan en la colonia Puerta Real. El cuarto de juegos destaca en la vivienda. Muñecos por un lado, pelotas en el piso y el iPhone en las pequeñas manos de su niña de tres años. En esa dimensión encuentra un refugio de la contingencia que pone en riesgo todo su universo familiar. Ahí mismo se dio el tiempo para compartir algunas reflexiones sobre su profesión, así como una mala experiencia a causa de la discriminación y la ignorancia.

JI: ¿Qué haces para poder enfrentar la situación por tener que separarte de tu familia por los riesgos de tu trabajo?

FM: Al principio no sabíamos ni qué onda con el nuevo coronavirus, ni nada, entonces fue literal dejar de verlos. Ya conforme avanzamos, implementé los cuidados que tenía para mí misma en el trabajo en mi casa para poder estar con mis hijos. Con mis papás no fue tanta la prevención como con mis hijos. Yo me llevaba dos cambios de ropa y me cambiaba los zapatos en el carro y me ponía cloro o desinfectante. Lo sigo haciendo saliendo del trabajo y antes de entrar a mi casa. Estoy atendiendo a pacientes y está cerca el riesgo de infectarse. En el transcurso de la pandemia han fallecido muchos compañeros. Entonces tomé conciencia que tenía que redoblar medidas en mi casa porque no les puedo faltar a mis hijos.

JI: Esta situación en la que empezaste a perder compañeros enfermeros, médicos, ¿Qué tanto te impactó?

FM: ¡Híjole, fue bien duro! Sí es cierto, tengo mi familia de sangre acá pero en el trabajo es llegar y es completamente tu otra familia. También fue perder a alguien que quieres, que fue injusta su partida. Ellos en realidad se cuidaban súper bien para no contagiarse. Fue un impacto bien grande. En ese momento fueron ellos pero el próximo no sabes si serás tú.

JI: Esta situación de enfrentar un mal que tiene este nivel de riesgo, ¿te ha cambiado la manera de encarar tu profesión, te sientes más segura o insegura que antes?

FM: Ahora ya me siento más segura. Al principio tuve mucho miedo. No sabíamos cómo usar bien el traje, cómo ponerlo, cómo quitarlo; pero ya en el hospital nos han preparando constantemente para no estar bajo tanto en riesgo. El riesgo siempre va a existir en el hospital o fuera de él. Cumpliendo con todas las medidas bajamos la probabilidad de contagio en un porcentaje muy grande. 

JI: ¿Crees que se valora poco la labor tan importante que los servicios médicos ofrecen a la población?

FM: Al principio sí fue así. La sociedad en lugar de apoyarnos, hasta nos tiraba cloro en la calle.  Yo siento que ahora es diferente. Ya se están concientizando más sobre lo que está pasando, no sé, ya nos dan un poquito más de valor tanto a médicos como a enfermeros. Arriesgamos la vida por alguien que no conocemos y cuando no se valora sí es súper gacho. Tú das todo y afuera nada, hasta con piedras nos tiraban en los camiones y ni taxis, ni Uber te querían dar el servicio. 

JI: ¿Te tocó vivir algunas de estas malas experiencias de manera cercana? 

FM: Cercano sí, a compañeros que no llegaban a trabajar porque no los subió el camión o les tiraba la gente con cloro. A mí sólo me tocó una vez que no me dejaran entrar al banco porque traía el uniforme blanco del trabajo y la persona que entrega los boletos en la sucursal no me permitió entrar.

JI: ¿En su momento esa persona te ofreció una justificación para negarte el derecho a ser atendida?

FM: Yo no dije nada, sólo me di la vuelta y me salí y no pregunté. Lo que menos quería en ese momento era ponerme al tú por tú con alguien.

JI: ¿Has percibido algún efecto negativo por el hecho que la gente propaga y publica noticias falsas sobre el personal médico o sobre el coronavirus?

FM: Siento que en el trabajo, por ejemplo, con la gente empezaron a salir como mil remedios, entonces ellos en lugar de atenderse tomaban mil cosas. Lo que mi vecina me dijo, lo que mi abuela piensa y ese tipo de cosas. Llegaban al hospital ya muy graves y en ocasiones hasta era imposible poder ayudarlos. Y claro, los culpables terminábamos siendo nosotros. Mira, cuando llegó un paciente que a la media falleció, que fueron varios, es porque ya venía súper mal debido a que tardó semanas sin atenderse. Luego el familiar terminó diciendo que nosotros los habíamos matado o que, literal, les inyectábamos el virus. 

JI: Curioso. ¿Y ustedes a qué atribuyen el aumento de casos?

FM: A que no llevan las medidas que se están dando por diferentes medios, pero también porque es confuso. Esto se ha politizado y en ocasiones no sabes ni cuál es verdad y cuál no lo es. A lo mejor nosotros como personal de salud sí sabemos cómo, pero acá afuera la gente no sabe ni qué reglas seguir o respetar. 

JI: ¿Alguna reflexión o comentario que quisieras hacer sobre lo que te ha dejado enfrentar la pandemia? 

FM: Creo que he aprendido a valorar a las personas. Hoy las tenemos y que mañana no sabes si van a estar. Decirles que las amas, lo que sientes por ellas porque mañana no sabes si tu seres queridos estarán ahí compartiendo contigo. Tengo dos hijos, un esposo y están mis papás y mis tres hermanos. Siempre, siempre, desde chiquitos, estamos muy unidos; entonces mi familia es mi ‘motorcito’ para darle a lo que venga.

JI: ¿Tu familia ha estado bien de salud?

FM: Afortunadamente ninguno ha manifestado síntomas. ¡Esperemos seguir así!

Y el motor de Fernanda no se apagará mientras tenga a su lado lo esencial: familia completa y salud.

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Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.