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Somos Noro

“La pandemia me ha hecho mirar el mundo y abrazarlo.”

Christian Chaparro y Natalie Sau

Camillero ISSTESON | Enfermera HGE - CIMA

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"No le deseo a nadie que esté en la situación de muchas personas que han perdido a sus familiares durante la pandemia.”

- Christian Chaparro Sánchez
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Christian Chaparro Sánchez está acostumbrado a aplastar el pedal para sentir la velocidad de su motocicleta. O lo estaba hasta antes de enfrentar la pandemia de Covid-19 a través de su trabajo como camillero en el hospital Ignacio Chávez del ISSSTESON. Con 34 años de edad, compartió sus primeros espacios de reflexión, al punto de quedarse con un nudo en la garganta una y otra vez.

“No había tenido tiempo de pensar esto. Es algo muy fuerte la verdad, la primera lección fue valorar cada día, valorar más a la familia. La verdad fue una temporada muy fuerte porque veíamos cómo ingresaban personas con problemas respiratorios. Una noche sí estaban con nosotros y la otra ya no.”

No es un secreto que la vida cambió para Christian, después de todo la pandemia ha trastocado a la humanidad por completo. Pero incluso en hombres dedicados a salvar vidas y acostumbrados al dolor de los demás, sus efectos a veces no son tan visibles como ahora.

“Fue algo sorprendente en el sentido de que a diario veíamos muchas defunciones. A mí me tocó bajarlos al área de descanso, donde se pone a los pacientes ya difuntos. Es algo fuerte, normalmente estamos acostumbrados a ver defunciones pero no a diario. En este caso estamos hablando de una cantidad elevada.”

El nuevo normal

Lo normal para Christian era sentir la velocidad a bordo de su motocicleta Yamaha, y soltarse el pelo para oír el rugido del motor mientras el aire sacudía sus oídos. Viajando lejos de la cotidianidad de un hospital con pacientes enfermos. La nueva normalidad le impide acudir con tanta libertad a ese espacio de adrenalina que comparte con su esposa por carreteras de Sonora. En la actualidad el ‘nuevo normal’ para Christian es correr por los pasillos del hospital trasladando pacientes lo más rápido que sus piernas se lo permitían. De la moto y el vértigo pasó a estar más tiempo a bordo de ambulancias con un traje protector que le limitaba la movilidad y que le añadía peso integrado. Al sudar los googles en el verano de Hermosillo la vista se le empaña, al moverse y sujetar pacientes en camilla a veces no podía respirar.

A eso le sumó los rayos del Sol, se deshidrató cinco veces, nos cuenta.

Lo que viene

Esos momentos se han ido, pero sabe que pronto van a regresar en el invierno que se acerca ante lo que se espera sea el primer gran repunte de COVID-19 en Sonora.

“Esperemos que la gente tome conciencia de que no es un juego, los hospitales se están llenando nuevamente. La verdad es muy desgastante ver cómo llega gente, gente que está incrédula en la enfermedad y que ahora ha comprobado que es algo que no sólo está sucediendo, si no que les está pasando a ellas.”

Christian asegura que ha crecido en el plano humano, no sólo el profesional. Siente que ha adquirido un nivel de conciencia que no creía poder tener tan pronto en su vida.

“No cesaba mi sed, y con dolores de cabeza, sufrimos demasiado. Me acuerdo y ahorita ya me da risa  pero en el momento te preguntas ¿qué está pasando? Ese también fue un tiempo en el que me conocí mejor, considero que soy una mejor persona por haber aguantado este tiempo, esos momentos cruciales.”

En esos instantes de tensión y fatiga siempre había momentos para pensar en la familia, aunque frecuentemente eran interrumpidos por su inevitable conexión con el dolor de familiares angustiados por conocer la última novedad sobre el estado de salud de sus seres queridos internados en el área COVID-19.

“Piensas en la familia de ellos y obviamente en tu familia. Te digo esto y se me hace un nudo en la garganta, no lo habíamos platicado, no lo habíamos planteado en este sentido. No nos habíamos dado el tiempo para reflexionar y ver cómo llegó a afectar esto. Estábamos tan ocupados, corriendo, porque llegaba uno y luego el otro. No nos dábamos chanza de ponernos a pensar en la magnitud de la pandemia.”

Los que ya no están

Por si fuera poco, Chaparro Sánchez demostró tener una sensibilidad muy poderosa porque tuvo que hacer frente a otra realidad: la pérdida de sus compañeros de hospital a causa de esta enfermedad. Según cifras oficiales de la Secretaría de Salud, a la fecha el COVID-19 ha afectado a alrededor de 5,800 personas del sector médico en Sonora, 80 han perdido la vida. Principalmente hombres doctores, entre las mujeres se han registrado más casos de personal de enfermería, pero con menos letalidad.

“Perdimos mucha gente en el hospital, doctores, enfermeras, guardias. Sí nos dolía en el corazón y nos hacía pensar que quizá el siguiente podría ser uno.”

Algo que Christian no supera ni entiende, después que muchos de sus compañeros han entregado literalmente la vida haciendo su labor, es la estigmatización de las personas en la calle hacia los trabajadores de la salud.

“Nos partía el corazón tener que ir (a tiendas) y que nos hicieran a un lado, el que nos vieran como apestados porque estábamos en el área COVID-19, siendo que estábamos dando lo más que podíamos por los demás. Fue una temporada muy fuerte, pero a la vez nos ayudó a crecer como seres humanos porque no creíamos que éramos tan fuertes. Esto nos ha dejado una gran lección.”

Recuerda esas jornadas extenuantes y sólo vuelve a pensar que la vida es como un péndulo, un día él o alguien de su familia podría ingresar al hospital al área COVID-19, una posibilidad que sabe latente. Si bien no le espanta el sueño, lo sabe ver como una posibilidad, pero con otro enfoque.

“Me ponía en el lugar de los familiares y si en algún momento alguien de mi familia es ingresada, yo quisiera que el personal de salud se portara bien, como debe ser. Yo siempre trataba de apoyar al 110 por ciento lo que pudiera. Yo sí me pongo en los zapatos del otro.”

Gratitud y vulnerabilidad

Christian dejó claro que es un hombre fuerte de fe, varias veces pronunció la frase: ‘Gracias a Dios’, y cada vez con un sentido profundo. No es de extrañar su madurez y el transpirar sus debilidades como ser humano; al final es una muestra de honestidad con uno mismo expresar los sentimientos y los miedos.

“Como familia nos reunimos los domingos y el no poder hacerlo nos cambió las dinámicas y me hizo sentir en lo particular un poco más vulnerable. Extrañar a la familia y a mis niños. Sin embargo también me hizo sentir más humano porque valoramos más estar con ellos. Mucho más que antes.

Al sabernos finitos, vulnerables, observamos el mundo con una mirada distinta. Una mirada que abraza.”

Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.