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Somos Noro

“Ser buenos médicos y médicos buenos.”

Carmen Burgos Navarro

Doctora del ISSSTESON e IMSS

Fotografía: Ana Hop.

Retratos

Fotografía por Ana Hop.
Fotografía por Ana Hop.

"Él no quería ir al hospital y yo le decía: ándale, vamos. Vas a estar bien. Y él: Tengo miedo a morirme. Y claro, yo entendía su miedo.”

- Carmen Burgos Navarro
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Por Jesús Ibarra
SomosNoro

Un sincero relato de Carmen Amalia Burgos Navarro expone el drama al que se enfrentan las doctoras a lo largo de la pandemia. Como mujer, la carga de obligaciones suele ser mayor en el trabajo. En el seno familiar incluso se ha incrementado todavía más. Sobre todo si alguien dentro del hogar enferma durante lo más álgido de contagios comunitarios de COVID-19.

En octubre llegó a un nivel crítico. Su esposo (médico cirujano del IMSS, clínica 14 en Hermosillo) tuvo una fuerte recaída a causa del virus. Sufrió miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco que lo tuvo hospitalizado una semana.

“No se lo cuento a nadie porque fue muy complicado. Desde el 19 de octubre empezó a estar malo, muy malo. Lo mantuve aislado en mi casa y tenía resguardados también a mis hijos. Él no quería ir al hospital y yo le decía: Ándale, vamos. Vas a estar bien. Y él: Tengo miedo a morirme. Y claro, yo entendía su miedo.”

Al ser doctora del IMSS y coordinadora de hospitales del ISSSTESON, está acostumbrada a tomar decisiones puntuales en el manejo de personal, así como tener los espacios operativos para ofrecer la mejor atención posible a derechohabientes de ambas dependencias.

No contaba con que el nuevo coronavirus iba a colocarla en una situación de fragilidad humana, la misma que han vivido miles de pacientes y cientos de personas en Sonora con esta pandemia, la cual ha puesto al mundo en jaque y ha golpeado la zona de flotación de los Sistemas de Salud.

“El problema de mi esposo es que tenía tos y cierto dolor toráxico. Un día por la noche lo vi muy mal y le dije: Te voy a llevar ahorita al hospital. Él me respondió que no, que le diera chance hasta el otro día mañana. Tienes hasta las 10 de la mañana, si no mejoras te voy a hospitalizar le dije, y así lo hice.” 

Carmen respira profundo y sigue con su relato:

“Fue muy pesado porque vives la enfermedad en carne propia, no te puedes acercar a esa persona que es tu familia, mis hijas se asomaron así desde lejos y me decían: ‘Mamá cuántos días faltan para abrazar a papá’.  Ahí yo me vi con tres niñas, sola porque es una enfermedad en la cual aíslas a toda tu familia por protección y eso me tocó vivir, te juro que no se lo deseo a nadie porque fue muy duro.”

Aunque su esposo se ha recuperado, le quedan secuelas del llamado ‘COVID prolongado’, pero ha superado la enfermedad gracias a la reacción de su esposa, primero como mujer y después como doctora. Ahora juntos pueden disfrutar de su hijo de dos años y sus dos pequeñas, esto bajo las reglas de la Nueva Normalidad.

“Cuando uno dice cáncer se imagina muerte. Cuando uno dice COVID-19 es igual a muerte. Gracias a Dios él está bien, tenemos mucho compromiso con Dios y con la sociedad porque está vivo, estoy muy agradecida.”

Un respiro

Carmen empieza a superar ese episodio haciendo frente a una serie de condiciones que la pandemia deja a su paso. Sufre el estigma social contra el personal médico, lo vive incluso en carne propia. Le frustra el daño que provocan las campañas de desinformación a través de las redes sociales. Le llega al alma el dolor de las víctimas. También está preocupada como médica y como administradora por las carencias que ha expuesto el Covid-19 en hospitales, personal y Sistemas de Salud a lo largo de México. En Sonora no es la excepción.

“El otro día fui a una tienda. Yo traía el cubrebocas y el traje de protección. Se acercó una señora y me dijo: ‘¿Qué estás haciendo tú aquí?, ¡no puedes saber si traes la enfermedad!’ Entonces la miré y le respondí: Señora, ahorita no podemos saber quién de todos los que está aquí trae la enfermedad. Soy de la idea que la gente opina, porque ahorita hay muchos epidemiólogos, sin saber. Debemos tomar las cosas de quien vienen. Y ni modo, estamos viviendo esto diariamente.”

Agregó que el tema de la discriminación ha sido objeto de preguntas por parte de sus hijas, que inquietas le cuestionan temas como la sana distancia y los comentarios que reciben algunos médicos. Señala que nada más toma fuerza cada vez que esto sucede y les pide calma. Ella las educa a diario. Recuerda que durante el inicio de la pandemia, allá en el mes de marzo, no imaginaba la magnitud del desafío que enfrentarían como personal de primera línea.

“Me impresionó mucho iniciar este servicio de urgencias en el IMSS y el hospital se convirtió 100 por ciento COVID. Mi esposo y yo tuvimos que separarnos dos meses. No sabíamos qué era lo que iba a pasar. En marzo me aislaron porque no sabíamos si teníamos contacto debido a que los Sistemas de Salud no estaban preparados para este tipo de pacientes. Inclusive con mi familia, mis padres me decían que buscara un permiso sindical ya que trabajaba mucho. Mi vida se detuvo en Marzo.”

La parte crítica de la pandemia fue durante todo el mes de julio. Una vez que la marea amainó el tiempo de calidad con la familia parecía restablecerse. Carmen tuvo la oportunidad de festejar el cumpleaños 70 de su papá con la modalidad que impuso la nueva normalidad: Un festejo en caravana de vehículos con sus hermanos y sobrinos pasando por el hogar del festejado con música.

“Todo el personal médico y de salud vivimos una nueva realidad que se llama estar en la línea de batalla con el riesgo de contagiarte. Pero, sabes qué, no me imagino hacer otra cosa. Esto estudié, a esto me dedico y no me veo realizando otra actividad. Tuve que traer a mis hijos y volver a trabajar mi relación con ellos porque estábamos aislados.”

Su burbuja se rompió desde marzo atendiendo pacientes con COVID-19 tanto en el IMSS como en el ISSSTESON, donde la administración decidió convertir un área especial, un centro temporal de atención de pacientes con esta enfermedad, donde ella asumió la coordinación.

“Marcamos historia, vivimos una nueva realidad y debemos trabajar con base a los tiempos, no me imagino otra cosa porque cada día estoy más convencida de lo que soy. Mi papá siempre me ha dicho que hay que ser buenos médicos y médicos buenos.”   

Sobre la “nueva normalidad” de las cosas, Carmen Amalia, de 38 años, hace una mesurada reflexión sobre el porvenir, e incluye advertencias que deberían ser tomadas en cuenta por todos.

“Tenemos que hacer un reajuste en todos los sentidos, desde los gobiernos. No sólo buscar un fondo de desastres para los nuevos hospitales, esto te crea una crisis de salud y una crisis económica. Pasando el 2021 esto no va mejorar. La pandemia nos dejó una enseñanza como las han dejado otras. La infraestructura en Salud no está preparada, no estábamos preparados para recibir a pacientes que deben permanecer aislados.”

Según su opinión, las autoridades de salud deben dedicar más tiempo en el diseño de políticas públicas que surjan a partir de los aprendizajes que ha dejado el COVID-19, a la par de crear una miscelánea fiscal que dote de recursos financieros, tecnología, científicos e infraestructura a los hospitales. Como administradora no duda en plantear la necesidad de contar con impuestos nuevos para las Secretarías de Salud, estatal y federal.

“Deben crear impuestos especiales o fideicomisos especiales para la atención de pandemias, si bien había un presupuesto de Salud en 2020, nadie tenía planeado que podía suceder lo que estamos viviendo. Es una enfermedad muy cara, que te acaba presupuestos en salud. Es impresionante porque debes resguardar a tu ejército con un equipo de protección personal que puede ir desde los 300 pesos hasta los mil 600 pesos por cada uno.”

Parte vital

Para ella la otra parte que resulta vital, es crear conciencia y efectividad para mitigar la propagación de COVID-19 entre las personas. Sugiere que esta conciencia debe transmitirse desde las empresas, que deben dedicar más acciones orientadas a proteger a sus trabajadores, al tiempo que los eduquen en conductas preventivas. El otro punto, que es muy difícil de erradicar por lo arraigado que es, está relacionado con características de convivencia social muy particulares de los sonorenses: la hospitalidad, el afecto, la tendencia a saludar cálidamente a amigos y familiares.

“Los sonorenses somos muy apapachadores, debemos entender esta forma de vida que te puede salvar la vida. Esta es la nueva realidad y ahí vamos a vivir. No por pensar que viene un año nuevo debemos creer que esto va mejorar radicalmente. Además, volvemos a lo mismo, la importancia de la vacuna recae también en la calidad del sistema de vacunación, tenemos que pensar en eso, esperando una vacuna”.

Nos vamos de la casa de Carmen con muchas experiencias y situaciones que nos hacen reflexionar. Tenemos que ir juntos, como comunidad, a buscar las soluciones que demanda el reto de salud tan complejo que tenemos por delante. No hay de otra. 

Guerreros del Sol

Conoce los perfiles de personas en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en Sonora.
Un trabajo periodístico de Jesús Ibarra y fotografía de Ana Hop.